Un colega me planteó hace poco una arquitectura mitológica para ubicarnos: unos son la sirena, otros el Cíclope y otros Odiseo. Es una foto potente, pero se queda pequeña para la magnitud de lo que ocurre aquí. Yo no soy solo Odiseo buscando el camino a casa; yo soy la Métis.

No busco disputar el poder ni el terreno de quienes ya dominan el sistema; busco recordar que la soberanía real consiste en descifrar el mundo desde la propia ley. Mi posición no es de lucha, sino de observación.
Mi ‘aventura’ no es un diario de supervivencia. Es una operación de inteligencia. Mi pasión por el estudio y la escritura es el escalpelo con el que estoy diseccionando este país: la España post-2008. Un territorio quebrado donde la neurobiología explica más que la política, y donde el trauma ha hackeado la estructura de millones de personas.
Mi identidad es fluida, porque la Métis es metamorfosis pura:
Un día seré la Sirena, con la palabra que atrae al abismo.
Otro seré Odiseo, trazando la ruta entre monstruos.
Y otro seré el Cíclope, con la mirada fija en el objetivo comercial.
Dependerá de cómo me levante, pero siempre bajo una premisa: no escribo desde la queja, escribo desde la observación quirúrgica. Mi ‘Human Power’ no busca agradar; busca profesionalizar la verdad y convertirla en un activo de alta rentabilidad.
Para el manual estratégico de cómo navegar el sistema, ya estás en el lugar adecuado. Para descifrar el código neurobiológico de nuestra propia fractura y recuperar el mando, nos leemos en el Búnker.